lunes, 14 de julio de 2014

El gigante de Fornells

El gigante de Fornells era conocido por su furia y por ser un solitario. Todo el pueblo le temía; nadie osaba acercarse a él. Todo el tiempo estaba quieto en el mismo lugar del puerto, vigilando con la cara atirantada y avinagrada el paso de las embarcaciones. Nadie en el pueblo sabía por qué estaba siempre de tan mala leche, pero nadie se atrevía a acercarse para preguntárselo. Las madres habían prohibido terminantemente a sus hijos acercarse a él y la policía había establecido a su alrededor un perímetro de seguridad. Mezclado con el temor, la gente envidiaba, eso sí, que el gigante fuera tan alto y pudiera coger sin esfuerzo las manzanas de los árboles.

Un día un niño llamado Jordi, que había escapado del control de sus padres persiguiendo su pelota, se dio cuenta que sin querer había llegado hasta los dominios del gigante. Cuando se dio cuenta se dio la vuelta e hizo un amago para echarse a correr, pero el gigante abrió los ojos y con una voz aflautada le espetó:

-Oye, chico, ¿puedes hacerme un favor?

Jordi se quedó asombrado porque de la boca del gigante no habían salido rayos y truenos, y porque parecía que no tenía demasiada intención de comérselo de un bocado.

-¿Qué quieres?

-Verás-  le dijo el gigante con lágrimas en los ojos-. Me pica mucho un pie, desde hace mucho tiempo. Soy tan alto que no puedo agacharme y rascarme yo mismo...



jueves, 17 de abril de 2014

La surfista emprendedora

Una joven rubia y con pecas camina por la orilla de la playa. Cuando pasa por delante de un joven que está fumando, éste le pregunta, jocoso y agitando las llaves de su coche, si quiere que la lleve a algún lado. La joven, que parece no haber escuchado su ofrecimiento, se ajusta el traje de neopreno y se sube la cremallera. Después, con una habilidad pasmosa, agarra la tabla de surf y encaja la vela. "Si quieres, te llevo yo. Iremos más rápido", le dice al chaval lanzando la tabla al mar. De un salto, se sube sobre ella y, rompiendo las olas, se encamina hacia mar adentro. El joven galante se la queda mirando con la boca abierta, las llaves se le caen al suelo.


martes, 1 de abril de 2014

Los patos salvajes

Pat y Lucas patrullan juntos, son colegas inseparables. Allá donde va uno, le sigue el otro. Pero no siempre ha sido así. Cuando se encontraron por primera vez surgió mucha desconfianza y tensión entre ellos. Se sintieron agobiados, con su espacio vital invadido, y en más de una ocasión llegaron a los picos, sus afilados picos arrancaron con furia plumas de la cola del otro.

Cuando llegó el invierno y los patos se habían quedado desplumados como consecuencia de sus peleas, cedieron. Llegaron a la conclusión de que en este torrente tan estrecho había que convivir como fuera.

Ahora se han hecho amigos íntimos, van juntos por todos lados. Se rumorea que hasta por la noche duermen juntos, con sus cuellos debajo de las alas de su compañero, acurrucados entre la maleza para darse calor mutuamente, supongo.


martes, 11 de marzo de 2014

Marcos y la sirena


Cada día, puntual, Marcos acude a ver cómo están sus flores. Hace años que lleva a cabo el mismo ritual, siempre a la misma hora y en el mismo sitio. Nadie recuerda que haya fallado ni un solo día: ni cuando diluvia, ni cuando el sol veraniego ajusticia, ni cuando ha tenido fiebre o le han despedido de un trabajo. Cada día está allí, cuidando con mimo las flores mientras echa furtivas miradas al mar. Su presencia y el ceremonial que despliega le han convertido en un personaje famoso, que ha llegado a aglutinar a su alrededor decenas de turistas que han querido inmortalizar ese momento con sus teléfonos móviles. Pero a Marcos parece que no le afecta nada de todo eso. Él permanece impasible, paciente, con sus pensamientos vagando por mundos estratosféricos. En su interior, sigue anhelando volver a ver esa sirena que un día vio salir del mar.



miércoles, 19 de febrero de 2014

La mirada del gato

Estaba paseando por el centro de Ciudadella cuando me llamó la atención la mirada de un gato. Me miraba fijamente. Instintivamente le llamé, pero ni caso. Volví a intentarlo elevando el tono de mi voz, pero el minino seguía pasando de todo. Como soy muy terco y me tomo las cosas de un modo muy personal, me puse en cuclillas y le tiré un par de patatas fritas. Nada. Entonces entré en la tienda de comestibles de la esquina, compré una sobrasada, unos gramos de jamón serrano, hice una bola y se la arrojé con todas mis fuerzas; también deposité en el suelo un tazón rebosante de leche de primerísima calidad. Ni se imnutó. Ya me había quitado la chaqueta y desanudado la corbata, ya no me importaban las miradas socarronas de la gente que pasaba por mi lado, cuando me percaté de que el gato no era real, sino que estaba pintado en la pared. Entonces me metí disimuladamente las manos en los bolsillos, miré a un lado y otro, y silbando me marché de allí.




martes, 11 de febrero de 2014

La casa roja

La casa de Paco siempre había sido blanca, como las otras del pueblo. Sus paredes estaban encaladas de un blanco impoluto. Paco era conocido entre sus vecinos por ser una persona muy tímida e introvertida. Cuando se lo encontraban por la calle, éste agachaba la cabeza y se esfumaba en un santiamén. Un día ocurrió un hecho extraordinario: al amanecer, la casa de Paco apareció totalmente pintada de rojo. Los rumores y conjeturas se dispararon: ¿Acaso habrán sido unos gamberros? ¿Una maldición? ¿Tendrá su origen en un raro fenómeno de pigmentación de la Naturaleza? Nadie lo sabía a ciencia cierta. Tampoco nadie llegó a establecer una asociación con lo que ocurrió en vísperas de este extraño suceso, cuando una joven esbelta y maquillada, subida sobre unos vertiginosos tacones, llamó por error a la puerta de Paco. Como Paco era tímido y no conseguía articular palabra, fue su casa blanca la que se ruborizó por él.


miércoles, 22 de enero de 2014

Una mascota peculiar

Estoy encantado con mi mascota. Cada vez que la llevo a la playa la gente se aparta, nos deja solos. No se por qué. Para mí, se comporta como cualquier otro perrito; se ha convertido en mi fiel compañero. Por cierto, hace ya un tiempo que he perdido mis gafas y no las encuentro por ningún lado. No sé dónde las habré dejado.